-- Sefardies y su Historia: Salónica, la capital sefardí de los Balcanes

21 marzo 2013

Salónica, la capital sefardí de los Balcanes


Salónica, la capital sefardí de los Balcanes
Por Ricardo Angoso

Sidur, o Libro de oraciones
La mítica Salónica —en griego Thessaloniki— fue tierra de acogida y refugio tras el brutal destierro impuesto a los judíos por los Reyes Católicos allá por el año 1492. Los sefardíes deterrados, humillados en lo más hondo de su ser, llegaban sin nada, con apenas con lo puesto, y fueron capaces de construir, casi reconstruir, un nuevo mundo, más justo, más tolerante y en donde lo religioso no fuera una frontera sino un sueño donde hacer posible todos los sueños. La tolerante Salónica, abierta, cosmopolita y alegre. También judía, cristiana y musulmana. Durante años, esta bella ciudad griega vivió la dominación otomana y después, como fruto de una historia plagada de sangrientos episodios, pasó a ser la segunda ciudad de una Grecia que echaba andar en la escena europea tras siglos de luchas a garrotazos, guerras, terremotos y todo tipo de infortunios.

De la mitificada Salónica hasta nuestros días

«Y su nombre Zesaloniki», dijo el rey griego Filipo al tener que dar uno a su primera hija. Más tarde, y ya enfrascados en las disputas y guerras balcánicas, un general de Alejandro Magno y posterior sucesor de este conquistador, Casandro, se casaría con la princesa hija de Filipo y daría su nombre a la ciudad recién fundada. La urbe, cuentan las crónicas históricas, fue construida en los años 316 y 317 a. C. Luego llegaría Pablo, el considerado apóstol del mundo, quien predicaría baldíamente por estas tierras el cristianismo y se desengañaría de la escasa fe de los griegos. Unos siglos después, en el año 300 d. C., el emperador romano Demetrio convertirá Salónica en su residencia oficial. Tres años más tarde, un oficial romano, Demetrio, sería martirizado por su fe cristiana, convirtiéndose así en el santo patrón de la ciudad. A la época de dominación romana le seguiría la riqueza y gloria propias del período bizantino.

De la misma forma que ocurrió en todo el espacio balcánico, la ciudad de Salónica fue pasto de los ávidos conquistadores que soñaron con conquistar y dominar a la vieja Grecia. Por el territorio griego pasaron los eslavos, los avaros, los sarracenos, los normandos, los catalanes y, cómo no, los nunca deseados vecinos turcos. Pero siempre, a pesar de cada conquista, de cada guerra, de cada batalla, Salónica permanecía en pie, impasible ante las inclemencias políticas e históricas.

La ciudad se vio envuelta siempre en las grandes luchas de los poderes extranjeros por dominar el Mediterráneo. En el año 27 a. C., Salónica, al igual que el resto de Grecia, cae en manos del Imperio Romano, presencia que ya no se interrumpiría hasta el año 395 d. C., momento en que la suerte de Grecia queda sellada tras la consabida división en dos imperios de las tierras que hasta entonces habían dependido de Roma. Desde el año 395 d. C. hasta el siglo ix las tierras griegas padecen lo que se denomina como la «época oscura», una serie de incursiones, invasiones e infortunios de toda índole que se suceden sin pausa. Del siglo ix hasta el siglo xiv, en que definitivamente Grecia quedaría bajo la égida turca, las incursiones y la inestabilidad política serían la tónica dominante.

Y es que Salónica, como ocurre con casi todas las urbes griegas, posee ricos testimonios de todo este pasado plagado de grandezas y miserias. De la época romana nos quedan los ricos mosaicos de la Kamara y al Rotonda, con bellas representaciones y retratos coloristas, el Palacio de Galerio, del año 300 d. C., el Agora romana, el Teatro, el Arco de Galerio —que fue construido para celebrar la victoria contra los persas en el año 297 d. C.—, los baños romanos y el Ninfeo, una elegante y circular edificación en donde se ha construido en una de sus cisternas la bella iglesia de san Ioanis Pródromos.

Dominación romana y presencia judía

Sin embargo, pese a la dominación romana con todo su legado y al esplendor propio de la era bizantina, plagada de oscuros avatares y cruentas invasiones, cuando la ciudad llegó a su máximo esplendor fue en el siglo XV, momento en el cual comienza la llegada masiva de hebreos expulsados primero de España y después de casi toda Europa. De la presencia judía en esta ciudad nos da buena cuenta Robert Kaplan: «Los primeros judíos llegaron a Salónica en el año 140 a. C. En el año 53, San Pablo —Rabí Saul de Tarso— predicó en el Etz Haim («El árbol de la vida»), la sinagoga, tres sábados consecutivos. Los judíos de Hungría y Alemania se instalaron en el año 1376. Tras la conquista de Salónica por los turcos otomanos, veinte mil judíos de España obtuvieron autorización para establecerse allí en 1492, transformando radicalmente la cultura y el carácter de la ciudad. En el año 1493 arribaron judíos de Sicilia. Desde 1495 hasta 1497, una vez que la Inquisición se impuso en España y Portugal, llegaron los judíos procedentes de Portugal».

Este peso de lo judío, de lo sefardí en la ciudad, que arranca en el siglo xv y se extiende hasta la Segunda Guerra Mundial, en que el Holocausto interrumpe para siempre esta presencia y esencia judía, condicionó y caracterizó la vida de Salónica durante siglos. La indiscutible tolerancia otomana hacia las otras confesiones religiosas posibilitó la llegada de miles de judíos de todas las partes de Europa, desde las ya citadas Portugal y España hasta los lugares donde fueron expulsados con posterioridad, como Baviera y los reinos españoles del sur de Italia.

Los turcos, que habían conquistado Salónica por primera vez en el 1349, permitieron a los judíos recién llegados —«Portuguezim», los que venían de Portugal, y «Sepharadim», los llegados desde España— asentarse en sus ciudades, comerciar, abrir sus mercados, construir sus sinagogas y, en definitiva, sentirse ciudadanos de una sociedad absolutamente tolerante hacia las otras confesiones religiosas. Más tarde, y después de una serie de reveses en los Balcanes, los turcos se instalarían en Salónica definitivamente en el año 1430, presencia turca que duraría hasta la Primera Guerra Balcánica (1912). El resto de Grecia caería definitivamente bajo dominio turco tras la mítica toma de la ciudad de Constantinopla, en el año 1453.Esta derrota militar, que será celebrada durante siglos por los otomanos y que determinaría la historia de Europa hasta bien entrado el siglo xx, fue bien contada y recogida por los cronistas de la época.
Fuente: Centro virtual Cervantes.

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